Al entender mejor la enfermedad del VIH y las opciones de tratamiento mejoradas, las personas con VIH viven durante más tiempo en comparación a lo que era previamente posible.

Para esas personas, el objetivo de la atención es posibilitarles un envejecimiento saludable. Integrar la prevención de la enfermedad y el control de esta amplia gama de problemas será un desafío para médicos clínicos y prestadores de servicios de apoyo para personas con VIH. Los proveedores de atención médica que atienden a personas que viven con VIH deben estar informados no solo sobre el tratamiento contra el VIH sino también sobre el control de otras comorbilidades dentro del contexto de esta enfermedad.

Síndrome de fragilidad

Las enfermedades relacionadas con el VIH podrían estar asociadas con un síndrome de envejecimiento prematuro, descrito por una desregulación multisistémica y mayor vulnerabilidad a agentes estresantes. La fragilidad se define cuando se presentan tres o más de los siguientes factores: pérdida de peso, debilidad, agotamiento, lentitud o poca actividad física. La fragilidad en personas infectadas con VIH está asociada con más comorbilidades y hospitalizaciones, pero puede ser tratable y prevenirse.

Deterioro cognitivo

El VIH ingresa al cerebro precozmente con la infección inicial. Puede persistir en el sistema nervioso central (SNC) por un período prolongado e inducir múltiples síntomas de disfunciones motoras y cognitivas, además de cambios de conducta en una gran parte de las personas que viven con VIH. Se dispone de simples herramientas de detección para evaluar la función cognitiva y son recomendadas por diversas organizaciones.

Enfermedad ósea: osteoporosis

La enfermedad ósea metabólica es uno de los trastornos endocrinos más comunes entre las personas que padecen VIH. La densidad mineral ósea (DMO) baja y las fracturas de huesos ocurren con gran normalidad en poblaciones de personas que viven con VIH en comparación con la población general, y son una importante causa de morbilidad y mortalidad. Las causas de la DMO baja en pacientes infectados por VIH parecen provenir de múltiples factores. Para muchas personas que viven con VIH, se recomienda la detección del riesgo de fracturas osteoporóticas.